Rio Webfest 2018: siempre hay un camino

Han pasado tres semanas desde que regresé de Brasil (cuatro desde que terminó el festival) y ya es hora de que vaya saldando deudas. Por suerte o por desgracia, tengo más proyectos en marcha de lo que mi día puede cabalmente abarcar (con “cabalmente” me refiero a “pudiendo dejar un ratito para descansar”, que también somos humanos). Así que me ha costado encontrar un rato para sentarme a escribir y contar lo que ha supuesto el paso de Morrosko por Bilbao Seriesland y Rio Webfest, que para mí son parte de la misma experiencia.

Como ya os conté en otra entrada cómo me fue por Bilbao, entro directo a Río de Janeiro.

Desde el principio, fue un viaje muy especial, por inesperado, por precipitado (recibí la invitación a dos semanas y media del festival), porque nunca había viajado tan lejos, y por el exotismo del país al que me dirigía. Pero el viaje tenía otro plano que la mayoría de gente a mi alrededor no valoraba tanto: la inmersión que iba a tener en el festival. Ya en Bilbao tuve oportunidad de compartir muchas charlas ‘festivaleras’ con enormes profesionales, pero apenas pude estar un par de tardes-noches, casi de pasada, que me dejaron con ganas de más. Esta vez podía meterme de lleno en el festival, asistir a las conferencias, convivir de verdad con la gente, etc.

 

Como un niño en Disneylandia

Esa perspectiva me llenaba de ilusión, pero a la vez me hacía sentirme pequeño. Como si me hubiera tocado el premio gordo por error. Me sentía como un niño que iba a una reunión de adultos en la que todos esperaban un señor. Por suerte, no dejé que ganara la sensación de estar fuera de lugar, y lo vi como un regalo caído del cielo que tenía que aprovechar para disfrutar y aprender. También ayudó el apoyo de las personas que tenía cerca, que me decían: “Si Morrosko está ahí, es porque se lo merece y se lo ha ganado”.

Al final, el niño que se dirigía a una reunión de mayores cambió de rumbo, y me sentí como un niño en un parque de atracciones. Empezando por las personas con las que me encontré, con las que sintonicé desde el primer momento. A veces, cuando salíamos a cenar juntos, desconectaba un momento para mirar a mi alrededor y me daba cuenta de que estaba cenando con unos de Texas, otros de Los Angeles, otros Autralianos, Franceses, Canadienses, Argentinos… profesionales del audiovisual con un montón de premios a sus espaldas y que manejan producciones espectaculares. Referentes que no eran sólo una fuente constante de conocimiento, sino que también se interesaban por mi trabajo.

Foto de grupo previa a la ceremonia de entrega de premios de Rio WebFest

Hacía tiempo que no pasaba prácticamente 24/7 (léase “tuentifor-seven” para mayor postureo) con un grupo de personas con el que disfrutaba así. Tanto que el último día tenía una sensación que me recordaba a cuando se terminaban los campamentos cuando era pequeño. Sólo que entonces los/las amigos/as se iban a Bilbao, Eibar, Ordizia…, y ahora se van a Sidney, Austin, Buenos Aires…

 

También se puede aprender mucho de los proyectos pequeños

El otro hecho (quizá el definitivo) que me hizo crecer para sentirme, quizá no del mismo tamaño que el resto, pero al menos sí sentir que estaba en el lugar correcto, vino al participar en el keynote que me correspondía. Era una charla que podéis ver aquí (a partir del minuto 37), en la que expliqué el proceso de producción de Morrosko (también participé en un “Panel de creadores”, una especie de conversación que podéis ver en este vídeo). En el turno de preguntas, Gabriel, de #Fuga, comentó que se sintió muy identificado (“empatizar” fue el verbo que empleó él) con la forma en la que hicimos Morrosko: sin presupuesto. Al salir, continuamos hablando sobre esta forma de trabajar, sobre utilizar la imaginación para hacer frente a las limitaciones (le llamó la atención nuestra forma de hacer un travelling), etc. Ahí me di cuenta de que no era el único que pensaba que también los proyectos pequeños tienen mucho que aportar en estos festivales. Además, varias personas más me comentaron sus impresiones en ese sentido sobre la keynote.

Volví de Brasil con la maleta llena de series que tengo que ver (aquí meto los deberes que me quedaron pendientes en el Seriesland), pero también con la ilusión reavivada. Con ganas de seguir el camino que empezó Morrosko y seguir demostrando que es posible. Que es posible sacar adelante el proyecto en el que crees, sin importar lo tarde que pueda parecer, sin importar lo difícil que lo tengas. Terminé la keynote con una reflexión, pero se me olvidó decir la conclusión por la que dije todo eso: si quieres hacer algo, siempre hay un camino. Seguramente no sea fácil y haya que hacer un montón de esfuerzo, pero si no te rindes, lo conseguirás. A menos que no sirvas para ello. En ese caso sólo estarás perdiendo el tiempo. Pero como eso es lo que te va a decir todo el mundo, si crees en ti, lucha por ello. Demuestra que se equivocan.

Así que, antes de cambiar un poco de tercio, tengo que dar las gracias, en primer lugar, a Bilbao Seriesland, porque ahí es donde empezó esta aventura, cuando ya prácticamente había dado por terminado el ciclo de Morrosko, que me había dejado un poco exhausto. Y en segundo lugar a Rio WebFest y a Leandro, por darme la oportunidad de viajar a un país maravilloso, que disfruté en tantos niveles diferentes. Espero volver a los dos estando un escalón más arriba.

Nos volveremos a ver

Ahora permitidme que pase al tema más personal y hable un poco más sobre las personas que conocí en Rio WebFest.

Había dejado el tema cuatro párrafos atrás comentando la sensación de vivir una experiencia muy intensa con algunas personas durante un breve periodo de tiempo y despedirte sin saber si volverás a verlas algún día.

Bueno, curiosamente, la primera mañana, según bajé a desayunar, me encontré en el comedor con Quentin, el creador de Nemausus (webserie francesa que ha arrasado y ha terminado en 2º lugar en la Web Series World Cup), que me recordaba de Bilbao, a pesar de que no habíamos hablado en aquella ocasión. Yo le conocía, porque, aparte de que tengo bastante buena memoria para las caras (no así para los nombres), la serie fue premiada en Bilbao. Bueno, y porque  su corpulencia, su pelo engominado y su tupida barba le otorgan un aspecto de director inolvidable. Comprobé que es todavía más tímido que yo, pero me resultó agradable encontrar una cara conocida el primer día.

Tom y Dipu, de The Pantsless Detective, también habían estado en Bilbao. Pero ni ellos se acordaban de mí, ni yo recordaba haberlos visto. ¡Y habíamos estado tan cerca que seguro que salimos juntos en alguna foto de la after party! Afortunadamente, en Río sí nos pudimos conocer y compartir variados temas de conversación.

También me volví a encontrar con Sergio, quizá la persona más “diferente”, porque no iba como creador, sino como representante de Flixxo, una nueva plataforma de contenidos audivisuales que basa su modelo en las criptomonedas y que probablemente cambie la manera de funcionar de este tipo de portales. Aunque este encuentro no fue una sorpresa, porque pocos días después de coincidir en Bilbao, me comentó que iría a Río. Pensaba que estaría bien tener alguien con quien poder hablar en castellano, pero la verdad es que la mayoría del tiempo terminábamos hablando en inglés. A veces, por el contexto, y otras veces por la inercia.

Enlazando con el sector castellanoparlante, casi al final, el festival me sorprendió con esas gratas sorpresas que dan la sensación de llegar muy tarde y no te da tiempo a disfrutar del todo. Ya que no fue hasta los últimos días cuando entablé relación con Mario, que vino con la webserie Limbo; y Esther, de la webserie documental Hacia la conquista del chocolate.

Además, nos conocimos por una de esas casualidades que resultan muy molestas a priori, pero que terminan obsequiándote con esta clase de bonitos regalos: el coche (shuttle) que nos debía llevar al hotel se retrasó ¡más de una hora! Esto, aparte del incordio de tener que esperar, implicaba llegar muy tarde a la cita con el resto de compañeros con los que había quedado para cenar… y sin conexión a Internet para comunicarnos. Pero este percance nos permitió estrechar un poco la relación, algo que de otra manera quizá no habría sucedido. Esta vez, la botella estaba medio llena 🙂

 

Un poco de turismo

Terminado el festival, y ya que había ido hasta allí (no son pocas horas de viaje, la verdad), aproveché para quedarme a visitar una pequeña porción de ese inmenso país que es Brasil. Pero ésa ya es otra historia.

Sólo quería mencionar, que tuve la suerte de compartir esos días con una persona que no había visto en la vida. Por una de esas coincidencias que este tipo de eventos genera en el espacio/tiempo, el Rio WebFest nos cruzó en el camino a Sid, de la webserie australiana Blind, y a mí. Como también tenía intención de quedarse unos días en el país cuando terminara el festival, decidimos ir juntos a Ilha Grande. Tras casi una semana de convivir 24 horas al día entre la jungla, la playa, las caipirinhas, las cervejas, surcando las olas y tarareando Under the Sea, me despedí de él como quien se despide de un hermano. Uno a Sidney y el otro a Vitoria-Gasteiz. Como decía antes, sin saber si volveremos a vernos algún día. Pero sin duda, es una amistad que me regaló Rio WebFest y que me llevaré para toda la vida.

Así que, si os habéis tragado toda esta palabrería, dejadme que os dé un consejo que extraigo de esta experiencia: si tenéis oportunidad de ir a un festival, un congreso, o cualquier otro evento relacionado con lo que os apasiona (y os lo podéis permitir), id. Creceréis.

Aparte de las personas que ya he mencionado, fue un placer compartir la experiencia con James, Adjani, Trip, Rachel, Steinar, Rich y tantos otros que seguro que me dejo en el tintero.
It was great to meet you. I hope to see you again soon.

Fdo.: Urko Sáenz de Buruaga

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